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 La maldición de la Naga

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hitomiysusalas
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MensajeTema: La maldición de la Naga   Lun Jun 01, 2009 7:25 pm

Habíamos llegado al lugar marcado en el mapa y descrito en el diario del profesor Hall: “Y delante mía se erguía una montaña tan verde y frondosa que parecía el mismo paraíso. Las aves cantaban en los árboles, el río murmuraba por allá por donde pasaba, las mariposas revoloteaban por el jazmín en flor…Mas algo llamó mi atención: al pie de ese verde paraíso, entre el río y la ladera, había una cueva cuyo interior descendía hasta las profundidades del mismo Infierno, o eso suponía yo, pues aún no habíamos entrado en ella.”
Éste era el final del diario ya que el propio Profesor no llegó a escribir nada más, pues una semana después de la última fecha escrita en él, apareció moribundo en uno de los poblados de la linde del río. Su cuerpo estaba mordido y envenenado, y nadie de su grupo regresó con él. La gente del poblado dijo que el Profesor tenía fiebre muy alta y que murmuraba cosas extrañas en una lengua desconocida para ellos. Al cabo de tres días, el profesor Hall murió de un paro cardíaco debido al mortal veneno introducido en su cuerpo. El cadáver fue llevado a Londres donde fue analizado, pero la autopsia no reveló la composición del veneno y tampoco qué animal produjo tales mordeduras. Hoy, tras dos meses de la muerte del Profesor, yo me hayo en el mismo lugar donde él se encontró con el enemigo de todo ser viviente: la muerte.
El diario no revelaba nada respecto al interior de la cueva o lo que habitaba en ella. Por eso decidimos acampar en el lado del río situado enfrente de la cueva para poder mantener vigilada la entrada. Ayudé a los hombres a montar el campamento, pues pensaban que una mujer de ciudad, como lo era yo, solo servía para mantener el hogar y su familia. Yo, no obstante, me revelé ante este ideal femenino y trabajé como los demás. Llevaba mis posesiones, no necesitaba a nadie que me ayudara a subir una pendiente o me guiara por estas selvas. Yo tenía una mente propia y no estaba dispuesta a dejarme manipular por ningún hombre. Podía pensar por mí misma.
En este viaje iba acompañada por mi padre, el Profesor Richard Lane, mi hermano Joe, mi prometido y amigo de mi hermano (a quien yo detestaba con todas mis fuerzas en secreto) David File, y un grupo de hombres que habíamos contratado en la ciudad de Quilon tras desembarcar. Nos dirigíamos a la selva de Bengala en busca del tesoro que el profesor Hall fue a buscar y no encontró, esperando tener más suerte que él.
El camino hacia nuestro destino fue largo y duro, y durante todo el trayecto mis parientes intentaron convencerme de regresar, pero yo no cedí ante sus súplicas. Cuando parábamos para descansar yo me dedicaba a revisar el diario, la información que había recogido por mi cuenta y meditar sobre el comportamiento del Profesor antes de emprender su viaje: estaba histérico, ilusionado, eufórico y siempre estaba gritando que había encontrado un tesoro, su tesoro, en algún lugar de la selva de Bengala. Todos los de la universidad pensaban que estaba loco y ahora con sus gritos por doquier lo confirmaban. Todos menos yo, la única alumna que lo escuchaba, la hija de su compañero y amigo de la infancia a la cual había permitido estudiar antes de casarse obligatoriamente. Y ni siquiera yo, que era de su confianza, o mi padre, sabíamos a lo que se refería con lo de su tesoro.
Cuando nos quedaba un día de viaje encontramos a una extraña mujer que se dirigía a un poblado cercano a nuestro destino y nos acompañó a partir de entonces. Era bajita, con la piel morena y lisa pese a aparentar tener sus años, las únicas arrugas que poseía estaban en los ojos, los cuales, eran hipnóticos e igual de verdes que las hojas de los árboles que nos rodeaban. Mi padre intentó entablar conversación con la anciana demostrando así sus dotes con el hindú, pero ésta no contestó, simplemente lo miró durante un instante y luego desvió la mirada hacia mí. Sus ojos se posaron sobre el libro que llevaba en mis manos, el diario, y comenzó a hablar con una voz clara y musical. Me quedé de piedra. Los hombres se voltearon y nos miraron como si estuvieran bajo un hechizo. La mujer sonrió y entonces comprendí que nadie hablaba sánscrito excepto yo, la única alumna de la clase de Mitología e Historia del Hinduismo impartida por el profesor Hall. Le devolví el saludo juntando las manos e inclinando un poco la cabeza, parecía… complacida.
Al anochecer, tras montar el campamento, nos sentamos alrededor del fuego y cenamos. Los hombres que contratamos en Quilon estaban nerviosos. Aquel lugar estaba maldito según los aldeanos del pueblo, pues todo aquel que se acercaba ya no regresaba. La mujer se sentó a mi lado mirando fijamente mi rostro y luego, desviando la mirada hacia el crepitar del fuego, dijo:
- Esta montaña no es segura ni siquiera para los animales del lugar. Si quieres mantenerte con vida...será mejor que no duermas.
- ¿Qué quiere decir con eso, anciana?
- Una antigua maldición impuesta hace siglos recae sobre este sitio… un delito que aún se sigue pagando.
Un grito interrumpió nuestra conversación. Uno de los hombres había encontrado entre la maleza el cadáver en descomposición de alguien. Me levanté y acerqué para observarlo: el cuerpo estaba cubierto de una especie de viscosidad, como un ácido, medio descompuesto, pero se podía apreciar que se trataba de un hombre joven. Retrocedí. Otro grito llegó hasta mis oídos. Mi hermano gritaba señalando con la mano la entrada de la cueva: estaba iluminada y fuera había un par de antorchas.
La luna llena iluminaba el lugar. Algunos hombres se quedaron para hacer guardia y seguir vigilando la cueva, otros se fueron a dormir. Nada había entrado o salido de ella, pero se podía apreciar que en el interior había una escalera descendente y que las paredes estaban cubiertas de oro. La anciana, que hasta entonces no se había levantado, se puso en pie, miró la cueva y luego a mí. En ese momento, mi hermano se sentó a mi lado:
- Anciana, ¿le importaría contarnos que ocurrió en este lugar?
Todos los que estaban en pie o despiertos se acercaron hasta nosotros. La mujer miró hacia el cielo pensativa.
- Buena pregunta muchacho.-Respondió al fin.- ¿Qué sabes sobre las costumbres y leyendas de estas tierras?
- No mucho, solo que adoraban a dioses azules y que había tres que eran muy poderosos y se consideraban los creadores.
- ¡No son todos creadores! Brahma crea, Vishnú protege y Shiva destruye.-Dijo enfadada. Tras calmarse prosiguió - Se podría decir que esta historia es más reciente.
>>Todo comenzó con una apuesta: Kadru, madre de las Nagas, quería tener como esclava a su propia hermana, Vinata, madre de las aves. Para ello, Kadru le propuso:"Si la cola del caballo de Indra es negra te convertirás en mi esclava, si es blanca yo seré tuya". Vinata aceptó pues sabía perfectamente que el caballo era completamente blanco. Esa noche, Kadru dio instrucciones a sus hijas para que pintaran la cola del caballo de negro. Al amanecer, cuando el caballo apareció en el horizonte con la cola negra, Vinata aceptó haber perdido la apuesta y se convirtió en la esclava de Kadru. Con el paso del tiempo, un huevo que había puesto Vinata eclosionó, naciendo así Garuda, rey de las aves y comedor de serpientes. Cuando intentó liberar a su madre, las Nagas le dijeron que la liberarían si les entregaba a cambio el Agua de la Vida. Garuda voló hasta los cielos y cuando tuvo el Amrita en sus manos, apareció Brahma. Éste lo alabó por su fuerza y valentía y le propuso ser su montura si encerraba a las Nagas. Garuda aceptó. Al llegar a la guarida de las serpientes, dejó el elixir en el suelo y Vinata fue liberada, pero antes de que las Nagas llegaran hasta el Agua, apareció Indra reclamándolo y junto a Garuda las encerraron en su guarida con un poderoso hechizo. Desde entonces se dice que el número de Nagas ha disminuido y que planean el momento de liberarse de su prisión para salir y vengarse de sus enemigos.
Al acabar de relatar la historia, uno de los vigilantes llegó corriendo:
- ¡Han muerto! ¡Han muerto!
- ¿Quién ha muerto?- Preguntó mi padre.
- Los otros vigilantes.-Respondió el hombre extenuado.- Algo salió de la cueva y se metió en el agua. Cuando nos acercamos oímos unas voces que nos llamaban, eran irresistibles, y apareció una mujer, moviendo los brazos incitándonos, fuimos hacia ella, pero no estaba sola. ¡Nos rodearon dos más! A la primera no la vimos por completo pero las otras dos sí. ¡Tenían cola! Eran serpientes de cintura hacia abajo. Abrieron la boca y se los comieron. ¡De un bocado! Salí corriendo y detrás de mí la que estaba en el…
El hombre cayó al suelo y fue arrastrado por algo. Al instante, estaba enroscado en el cuerpo de una serpiente con el busto de una mujer. Lo asfixió. La Naga tenía los ojos esmeralda y el cabello oscuro, y al percatarse de nuestra presencia lanzó un grito estridente. Abrió las mandíbulas y devoró al hombre.
- ¡Corred!- gritó alguien.
Mi hermano me cogió del brazo y me arrastró con él, pero tras dar un par de pasos, me percaté de que la anciana seguía en pie en el mismo lugar en el que había contado la historia.
- ¡Ahora os alcanzo!- Dije deshaciéndome de él.
- ¿Estas loca? ¡No puedes quedarte aquí!


Última edición por hitomiysusalas el Lun Jun 01, 2009 7:32 pm, editado 1 vez
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hitomiysusalas
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MensajeTema: Re: La maldición de la Naga   Lun Jun 01, 2009 7:31 pm

Todos corrían en la misma dirección, como un rebaño, y mi hermano desapareció tras la estampida. Me acerqué a la anciana:
- ¡Anciana, debemos irnos!- Le dije mientras ponía mi mano en su hombro.- ¡Nos matarán!
- Kaliya, me llamo Kaliya.-Dijo girándose y me miró.-Y no, no nos matarán. Aún no.
- ¿Por qué está tan segura?
Bajo la luz de la luna, Kaliya, la anciana, fue tomando forma de una mujer joven, con la piel morena y el cabello oscuro, y de su espalda surgieron cinco cabezas de serpiente unidas por una membrana, cobras. Lo único que quedaba de la anciana eran los ojos verdes.
- Dios…mío… ¡Eres como ellas!- Retrocedí. Era una Naga… la anciana era una Naga.- Por eso no te atacarán… eres una de ellas.
- No estés tan segura humana.- Dijo con aquella voz clara, musical y siseante.- Y respondiendo a tu anterior pregunta, por la noche el hechizo crea una barrera que no permite ni entrar ni salir nada de este lugar, por lo que esos hombres están acorralados y ellas estarán ocupadas durante un buen rato. Por otra parte, si quieres salvarte tendrás que acompañarme.
- ¿A dónde te tengo que acompañar?- Dije en un susurro.
- A la cueva. Interferirás en esto como mensajera. Sígueme.
No me lo pensé dos veces. La acompañé hasta el río y lo crucé junto con ella. Las paredes de la cueva tenían inscripciones muy antiguas escritas en sánscrito y dibujos extraños que no logré identificar. Bajamos por las escaleras de oro. Dentro solo se oía el crepitar de las antorchas y mis pasos.
- ¿Quién eres?- Rompí el silencio que nos rodeaba. Paró, me miró y acarició las paredes inscritas.
- La historia que conté esta noche sucedió de verdad. Estas paredes la cuentan, contienen toda nuestra historia. Las Nagas crearon la cueva como un regalo para los dioses, como ofrenda por haber querido ser como ellos, pues son seres semidivinos. Pero… si el hombre sabía como convertirse en eterno, los hombres dejarían de adorar a los dioses y estos morirían. Por eso las encerraron aquí, en esta cueva, serían sus guardianas. En las narraciones populares, se dice que las Nagas le pidieron a Garuda, a cambio de liberar a su madre, el amrita, el agua de la inmortalidad, y por eso fueron castigadas. Pero la verdad es que el amrita no es agua, es esta cueva la que esconde los secretos celestiales, y por temor a la humanidad, las condenaron a vivir en este mundo. Yo soy Kaliya, la serpiente que viaja por el cosmos, prima de Kadru y Vinata, hija de la gran serpiente divina que sostiene el universo de los dioses. Ahora, prosigamos nuestro descenso.
Continuamos bajando. Cuando las escaleras acabaron, una puerta apareció delante nuestra. Se abrió. Apareció una mujer, humana, cuyo rostro me era familiar.
- La estábamos esperando, Señora, pero no sabíamos que iba a venir acompañada.
- ¿Han llegado ya Sesha y Vasuki?
- Sí, Señora. Los Señores llegaron ayer.
Kaliya avanzó y yo la seguí. La mujer cerró la puerta detrás nuestra. Dentro había una mesa redonda con cuatro tronos y cuatro sillas colocadas a la derecha de cada uno. Había sentados dos hombres en cada trono, los dos con el mismo color de ojos y cabello. Tomamos asiento, Kaliya en uno de los tronos y yo a su lado derecho. La mujer que nos había abierto la puerta apareció acompañada por una Naga con los ojos y el cabello oscuro, se sentaron.
-¿Cómo es que has venido acompañada de una humana, Kaliya?- Preguntó la Naga.
- Está aquí por un error cometido por tu sirvienta, Kadru.
Kadru le lanzó una mirada envenenada a la mujer de su lado.
- ¿Eso es cierto, Jane?
- Mi reina, yo…
- Has matado antes. Sin embargo, no has podido matar a tu padre.
Todo encajó en ese momento. El profesor Hall había venido a este lugar a por su tesoro, su hija desaparecida desde hace tres años, Jane Hall. Al parecer, se fue a la India de viaje con su prometido, pero un incendio que hubo en la zona de vacaciones dejó los cuerpos carbonizados e irreconocibles. Y ahora estaba aquí, viva, igual que la última vez.
- Señora, no era mi intención dejarlo marchar. Pero el veneno de sus hijas no actuó lo suficientemente rápido…
- ¡Ni una palabra más! Te dejé comer del Amrita para que vivieras y me sirvieras y lo único que has hecho es traicionar la confianza que deposité en ti. De ahora en adelante, seguirás tu vida fuera de este lugar.
En ese momento, aparecieron dos Nagas y se la llevaron de la sala.
- Podemos proseguir con nuestra reunión.- Dijo Kadru.
- Brahma me ha hecho entrega de tres semillas del Amrita como antaño.-Comentó Kaliya- Una para cada tribu de Nagas, las cuales serán plantadas cuando la luna llena aparezca y germinarán durante cien años para mantener la longevidad de éstas.
Hubo una pausa y Sesha, Vasuki y Kadru asintieron. Luego se levantaron los cuatro y Kaliya estiró el brazo con la mano cerrada hacia arriba:
- Yo, Kaliya, deposito en esta reunión y ante los ojos de una descendiente de Áditi las tres semillas del árbol del Amrita entregadas por el propio Brahma para los tres clanes de Nagas guardianes.
Al abrir la mano, surgieron tres esferas de luz, las cuales, volaron como luciérnagas hasta cada jefe del clan y estos, estiraron su brazo derecho y las cogieron.
- Se da por finalizada esta ceremonia. Ahora, me retiraré junto con mi mensajera devuelta a nuestro mundo.
- Que vuestro retorno sea apacible y los Divas os guíen y protejan.- Dijeron los tres al unísono.
Abandonamos la sala en silencio y comenzamos a ascender por las escaleras.
- ¿Qué les ha pasado a mi padre y mi hermano?- Pregunté.
- Ellos ya no están en este mundo, pequeña.
- Entonces, ¿qué va a pasar conmigo? ¿Me matarás?
- No mujer, no te mataré. Volverás a tu vida normal. Cuando regreses, contarás que tus parientes fallecieron en un trágico incendio en la selva y que tú te salvaste gracias a la ayuda de una anciana llamada Kaliya. Pero, si intentas transmitir lo que sucedió en verdad o regresar, yo misma descenderé de los cielos y te llevaré conmigo. Y para que te acuerdes de tu maldición, recibirás una señal en tu cuerpo que la verifique.
••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
Hoy, tras cinco años de la muerte de mi padre, mi hermano y mi prometido, yo, Anna Lane, me encuentro de nuevo en La India, hospedada en un hostal de Quilon. Mañana iré a rezar al templo por sus almas y por la diosa, y regresaré a aquel lugar maldito para intentar hallar paz en mi mente.
**************************
Anna entró en la cama tras darse un baño después del largo viaje. Esa noche hacía un calor sofocante, así que decidió abrir las ventanas para que entrara el aire. Tras volverse a acostar, la luz de la luna iluminó la habitación. Sacó el brazo derecho de entre las sábanas y se quedó anonadada mirando la marca en forma de ese que le había hecho la diosa Kaliya para recordarle su pacto. Algo se movió debajo de las sábanas. Una silueta alargada, que se movía de manera siseante e iba directa hasta la almohada. Retiró un poco las sábanas. Una serpiente. Pero no era una serpiente normal, llevaba dibujada en el lomo el mismo tatuaje que ella poseía en el antebrazo. Una cobra. La cobra real se irguió y miró fijamente a Anna. Entonces desplegó las membranas de sus costados y abrió las mandíbulas mostrando sus colmillos.
- Que mi viaje al más allá sea apacible y que los Divas me guíen y protejan.
A la mañana siguiente, tras llamar insistentemente a la habitación de la señorita Lane, el gerente del hostal optó por abrir la puerta. Sobre la cama estaba el cuerpo de Anna destapado, solo lo cubría el camisón, y su rostro reflejaba una sonrisa de felicidad y paz. Su brazo derecho colgaba de la cama y debajo de la muñeca, donde llevaba la marca de la Diosa, había dos pequeños orificios con hilos de sangre. La maldición de Kaliya se había cumplido.

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Arantxa
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MensajeTema: Re: La maldición de la Naga   Mar Jun 16, 2009 12:12 pm

Qué bien que te hayas animado a colgarla entera, está muy xula y encima me hablas de la mitologia, que ya sabes que me encanta desde peke :loveeee:
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