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 Los Dos mundos, El infierno sobre el suelo.

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Asile
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MensajeTema: Los Dos mundos, El infierno sobre el suelo.   Miér Jun 02, 2010 4:43 pm

Bueno, esta historia no es la que espero que me publiquen dentro de poco (aunque sí que espero que la publiquen en un futuro... cuando esté acabada, vaya xD)

Más que nada, aunque esta historia la tengo apartada en estos momentos, creo que es uno de los mejores comienzos que tengo de las muchas historias empezadas, y me apetecía que me conociérais mejor por aquí al ver como escribo y eso...

Espero que os guste y, sino, pues que me digáis qué pensais... ahí os lo dejo ^^

________________________________________________________

Prólogo



La pequeña figura envuelta en una fina manta empezaba a moverse. A través de la tela se vieron unos ojos negros que poblaban la redonda cara de un recién nacido. Se abría, todo pupila, a un mundo cegado a su cerebro por la temprana edad de sus extraordinarios ojos. El bebé parpadeó lentamente, intentando intuir la presencia de las dos figuras que lo miraban algo apoyados en las paredes de la improvisada cuna que solía hacer las veces de abrevadero para las reses.

Ambas figuras estaban encapuchadas aunque, la luz de las lejanas lámparas de aceite de las habitaciones de los señores, ribeteaba las dos siluetas en la oscuridad. Uno de ellos, el que era menos corpulento, desenguantó su mano y encendió un pequeño candil dejándolo al mínimo. Lo colocó dentro del gran abrevadero, iluminando tenuemente al bebé que volvía a tener los ojos cerrados.

La luz de la pequeña lámpara iluminaba a su vez las caras de las dos figuras. Una, la que había dejado el candil, era una mujer joven. Estaba algo sudorosa y le temblaban levemente las piernas. La cara de la otra figura no se veía porque además de tener la capucha, se cubría por un pañuelo el resto de la cara, dejando sólo una franja horizontal del tamaño justo para que sus ojos negros se vieran. Era alguien mucho más alto y corpulento que quien le acompañaba.

La mujer joven alargó su mano hacia una de las pequeñas que comenzaban a hacerse paso entre las mantas. Finalmente el bebé agarró uno de los dedos de la joven que sonrió al ver a la criatura orientar su pequeña cabecita hacia ella.

- Es precioso –murmuró rápidamente como si hubiera estado deseando decir eso todo el rato pero se lo hubieran prohibido.

- Un ser humano –respondió con una gravísima voz.

La joven enarcó una ceja y miró al hombre con suspicacia.

- ¿No dices “como cualquier otro”? Es lo que siempre dices de nosotros.

- Meredith –dijo clavando sus oscuros ojos en la joven que tembló sólo del contacto con esa extraña sensación que tenía siempre al mirar a los ojos de hombres como aquél-, ambos sabemos que no es uno más. Así que sería un sin sentido el que afirmara eso que tantas veces me has oído decir en presencia de los de tu especie cuando obviamente sería una mentira.

La mujer volvió a mirar al bebé, que se había desasido de su mano. Se llevó las manos al cuello y desanudó el broche que mantenía la capa que llevaba sobre sus hombros, descubriendo así su cabeza y el resto de su cuerpo. Se vio así su larga cabellera pelirroja cubierta por un extraño gorro, propio de las sirvientas de los grandes nobles. Sus ropas estaban levemente tintadas de carmín sobre el color gris predominante de la tela.

Cuando hubo cubierto del todo su pequeño cuerpo miró de nuevo al extraño hombre y alargó esta vez su mano hacia él, poniéndola entre las suyas entrelazadas.

- Naevar –dijo llamándole la atención para que mirara hacia ella. Los duros rasgos que se atisbaban en la cara tapada se reblandecieron un poco-. ¿Será especial, como tú y como yo?

- ¿Cómo tú y como yo? –titubeó un poco-. Creo que sí.

- Oh –dijo ella bajando la cabeza y mirando algo decepcionada al pequeño.

El hombre miró a Meredith.

- ¿“Oh”?

Ella apretó aún más la mano que tocaba las del hombre, aun cruzadas sobre la madera del abrevadero. Los ojos de la joven se empañaron repentinamente.

- Tenía la esperanza de que fuera como en aquella historia que los tuyos cuentan.

Él la miró con gesto grave pero no dijo nada, simplemente se acercó a ella, la rodeó con sus brazos, y besó su frente a través de la tela que cubría su cara.

- Esperaba que... –siguió diciendo ella mientras las lágrimas corrían por sus mejillas-. Esperaba que fuera el que podría unir definitivamente nuestros mundos. Esperaba que por fin tú y yo pudiéramos ir por un mismo sitio, juntos, cogidos de la mano, y sin ningún ropaje que nos cubriera de miradas rencorosas y hostiles.

Él bajó el negro pañuelo que cubría su cara, alzó la cabeza de la mujer y le dio un suave beso en los labios. A la tenue luz, su piel era roja brillante, y varios mechones de color blanquecino enmarcaban su faz. Era un rostro joven, al igual que el de ella, pero su voz era muy diferente a la que se oía cuando estaba en su lugar de origen.

Cuando él se separó de ella la volvió a abrazar.

- Esperabas que fuera un Visionario. No un simple Caminante.

Ella asintió levemente.

Después de un rato el joven se apartó de ella y se cubrió la cara de nuevo con el pañuelo. La mujer miró cómo se preparaba.

- ¿Avisarás a los tuyos?

El hombre cerró los ojos de manera pesada y se llevó una de sus manos enguantadas a la sien.

- ¿De qué exactamente?

- ¿De qué va a ser? –dijo indignada-. De que en el pueblo de Irhya una noble ha tenido un niño que como mínimo es un Caminante.

Él cogió las manos de la mujer, que había alzado la cabeza y la voz había sido demasiado alta. Tras un rato en el que ella ya se había calmado un poco, Naevar volvió a hablar.

- Meredith –dijo con voz grave-, imagínate que llego con esa noticia. ¿Cómo lo puedo saber si no he visto al bebé en sí?

- Pues di que sí lo has visto –interrumpió ella.

- Claro, podría. Pero todos los bebés humanos nacen con colores extraños en los ojos. Y si ya les dijera que son negros, inmediatamente después me preguntarían que de qué color es su piel.

- ¿Por qué? –dijo alzando una ceja, empezaba a imaginarse el apuro del hombre.

- Porque probablemente pensarían que es un hijo de demonio. Y eso podría traernos muchos problemas a ambos. Por la...

- Leyenda del Visionario, lo sé.

- No, no –dijo él apartando sus manos de las de ella y alejándose un poco-. No lo sabes. Si no, no me habrías pedido eso. Ellos dirían automáticamente que es hijo mío. En teoría, soy el único Caminante de los míos que sigo en activo.

Ella bajó la mirada hacia la cuna. La piel del bebé, aún sin limpiar, se veía rojiza. Lo cogió y lo llevó a una pequeña bañera con agua. Minutos antes se lo habían dado para que lo limpiara y lo había llevado a que lo viera su padre. Realmente nadie le había dicho que el extraño monje de ropajes negros era el padre, pero Meredith lo había intuido automáticamente al ver los ojos y la piel de la criatura. Ella no había estado presente en el parto porque no le habían dejado las criadas más experimentadas que ella. Quizás también porque no querían que, días después de casi morir en el parto de su criatura, después le notificaran que estaba muerto. Aunque igualmente le habían dado el pequeño fardo, que ahora limpiaba con tanto mimo, como si hubiera sido el suyo.

- ¿Sabes? –dijo sin mirar a Naevar mientras seguía limpiando al bebé-. Hace dos días perdí a nuestro hijo –la noticia cayó sobre el hombre como una losa. Abrió mucho los ojos. Hacía meses que no se veía, por lo que no sabía nada de su embarazo-. Él sí que podría haber sido un Caminante e incluso podría haber sido algo más –prosiguió sin hacer caso a las reacciones de Naevar-. Hace tiempo, antes de perder a mi bebé, pensé en ir a vivir definitivamente a tu mundo, aunque ya sabes que el color amarillo de mi piel en él no me termina de gustar y llevar alas tampoco es muy cómodo

Dejó de limpiar al bebé y dejó el paño húmedo en la bañera. Sacó al niño de ella y lo puso sobre una manta limpia, arropándole y secándole bien. Seguía sin mirar a Naevar.

- Pero ahora sé que no tengo nada en tu mundo –prosiguió-, me has demostrado que no te tengo ni siquiera a ti. Así que me quedaré aquí criando a lo lejos a otro hijo del demonio al que amo en vez del que yo misma engendré con él.

- ¿Qué intentas decir? –dijo él que, aún reponiéndose del susto inicial de la primera noticia, no había entendido las últimas frases de la mujer.

- Que no entiendo cómo, si tanto dices amarme… –la voz de la mujer se tornó algo nasal al tiempo que volvió su mirada a él. Rebosaba de lágrimas-, Si tanto dices amarme no entiendo por qué te acostaste con otra mujer.

- Sabes que ya no hay nada. No te conocía a ti cuando eso sucedió.

- Pero, Naevar, yo salí de cuentas. ¡Nuestro hijo tardó mucho en nacer! –dijo casi gritando, y esa vez el que él se acercara no le sirvió de consuelo-. No, tú mismo me has dicho que eras el único Caminante en activo.

El hombre, ayudado por ser de un tamaño bastante mayor que la mujer, la cogió de los hombros y la llevó a la parte más oscura del cobertizo. Él, al igual que ella, se quitó la capa. El pelo blanco fluyó hasta sus hombros. Llevaba una coleta atrás, pero en la parte más baja de su cabeza su pelo estaba suelto de la cinta negra. Se quitó la tela de la cara y sin previo avisó posó sus labios sobre los de la mujer, que al principio intentó rebelarse, pero que pronto se dejó hacer.

Él se apartó de ella y, desenguantando una de sus manos, la pasó por la hermosa cara de la mujer.

- Siento que esto haya sido así. No sabía que esperabas un bebé. Si hubieras venido a mi mundo...

- Lo habrían matado. Como harían aquí muchos si supieran simplemente el aspecto de su padre –miró de nuevo al demonio con algo de temor-. Naevar, júrame que no es tuyo.

- Te juro que no es un hijo fruto de una relación posterior con Lady Beatrice –su voz sonó sincera, pero con cierto matiz de misterio que Meredith, temblorosa y cansada, no notó.

- Pero igualmente ese un hijo fruto de la relación con un demonio –aventuró ella mirando al niño que seguía hecho un fardo después de haberlo bañado. Reposaba sobre una mesa alta.

- Lo sé. Y te juro que averiguaré todo lo posible sobre él –él le sonrió. Su blanca dentadura contrastó con el tono rojizo de su rostro, que a la penumbra se tornaba a granate.

Meredith miró otra vez al demonio mientras se cubría de nuevo. Le gustaba más verlo en su mundo, al igual que a él le gustaba más verla en el suyo, donde era más hermosa. De cualquier manera, era el ser al que más quería y por nada del mundo se alejaría de él por su aspecto.

Desvió la mirada de nuevo al pequeño bebé y se acercó a él, para cogerlo en brazos. Cuando ya lo tuvo acunado lo miró con ternura, esa que tanto le sobraba desde que perdió al suyo.

- La verdad es que este niño ha nacido con mucha suerte.

- ¿Por qué? –preguntó él, de nuevo tapado y al lado de la mujer.

- Por dos razones. Es noble de una casta cercana a la de nuestro rey, y eso hará que su tono rojizo de piel se pase como una mera anécdota. La otra razón es que, unos días antes de que mi hijo naciera, su madre tuvo un accidente. La mecedora en la que estaba sentada cedió y cayó al suelo. Es un milagro que el niño haya nacido sin ningún problema –miró al demonio-. ¿Sabes? Por eso creo que es el elegido. Por eso creo que es el que va a hacer que nuestros mundos vuelvan a juntarse. Por eso creo que, si lo crío y le inculco los buenos valores, él nos ayudará.

- Espero que tus creencias no sean en vano. Pero me alegra que aún tengas esperanza. Al menos uno de nosotros dos sigue creyendo en algo. Yo hace tiempo que desistí.

- Si hubiera sido el hijo de dos Caminantes...

- Todo sería distinto, sí. Pero como no es así, no podemos hacer nada por remediarlo.

El demonio se movió rápidamente hacia la salida de la caseta. Llegó hasta la puerta de madera que separaba el gran jardín de la casa nobiliaria del resto de la ciudad. Una vez allí se volvió de nuevo a la mujer, que tenía al niño en brazos y estaba a unos pasos de él.

- No volverás a visitarme, ¿verdad? –dijo él mirándola a través de las rendijas de su pañuelo.

- No hasta dentro de mucho –miró de forma significativa al bebé que dormía plácidamente entre sus brazos.

- Entonces espérame cada último domingo de fin de mes.

Se acercó a ella rápidamente y le dio un fugaz beso en los labios, a través de la tela.

- Donde siempre –le dijo al oído y se separó de ella-. Te echaré de menos.

Y echó a correr hacia el bosque que se situaba al oeste de la ciudad.

- Yo también te echaré de menos –dijo la mujer viéndole alejarse. Entonces el bebé comenzó a llorar-. Calla pequeño, ahora mismo te llevo con tu madre –le besó en la frente-. Tiene suerte de tener un hijo así.

Dicho esto, empezó a andar hacia la puerta de los criados de la casa, donde la ama de llaves la esperaba con una gran sonrisa en la boca para guiarla hasta la habitación de su señora.

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Lily
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MensajeTema: Re: Los Dos mundos, El infierno sobre el suelo.   Lun Jul 12, 2010 10:25 am

¡¡Vaya!! Impresionante ^.^
Me encanta! Y, aunque la tengas estancada por ahora, me gustaría que siguieras con ella.
Espero ansiosa el siguiente capítulo.
Por cierto, cuando el hombre dice posterior, no querrá decir anterior¿?
Es que ahí me lié un poco.


Very Happy

Besos, Lily.
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Asile
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MensajeTema: Re: Los Dos mundos, El infierno sobre el suelo.   Miér Jul 14, 2010 10:47 am

Me alegro de que te haya gustado Lily!

Espero seguirla dentro de poco. La verdad es que tengo muy buenas ideas sobre esta historia, peor he pasado por un momento malo en cuanto a escribir (me he apagado durante dos meses, salvo lo poco que escribía para mi blog en un cuaderno) y no he podido...

Por lo de posterior... sí, realmente es "posterior". No sé si lo explico con anterioridad, pero Naevar estuvo con Lady Beatrice... Meredith lo sabe, y creyó que él había vuelto con ella aún jurándole amor a ella misma (qué lío de "ellas" me acabo de montar xD)

Gracias por comentar! ^^

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