*-Literatura Youth Fantasy-*

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 El Trotacuentos

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Haskoz
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MensajeTema: El Trotacuentos   Lun Sep 05, 2011 5:55 pm



Este es un Blog de Literatura General donde tres escritores publicarán los relatos, microrrelatos y poemas que surjan de su imaginación. Además, entre los tres colgarán periódicamente las aventuras de Ryuk, una historia de fantasía donde los recuerdos son magia y la magia está en los recuerdos.

Os cuelgo el Prólogo, para que veais que pinta tiene.

Un saludo y gracias

http://eltrotacuentos.blogspot.com

Prólogo

No tenía sentido seguir corriendo, su muerte estaba a punto de llegar. Estaba siendo perseguido por cinco soldados montados a caballo y por... Prefería no pensar en ello. No tenía escapatoria. Aunque no estaba en el mundo real, sabía perfectamente que podía salir muy mal parado, incluso muerto, de aquel sueño. Sintió que algo se le clavaba en el hombro izquierdo y gritó de dolor. Acababa de ser alcanzado por una flecha, pero aun así siguió corriendo. Corrió y corrió hasta que cayó agotado al lado de un gran árbol. Los jinetes llegaron hasta él y detrás de estos el que parecía ser el jefe. Este último bajó de su caballo, un magnífico corcel negro, y se dirigió hacia el fugitivo:

-Siento tener que hacer esto, Ryuk -dijo el jefe de los jinetes-, pero no hay otra opción. Si no lo hago, Melf...

-¡Siempre hay otra opción! -interrumpió el fugitivo con las últimas fuerzas que le quedaban-, pero tú no lo entiendes. Juntos podríamos haber destruído a Melfast y a los oscuros, sin embargo parece que has decidido cambiar de bando y dar caza a los que una vez juraste fidelidad. Nos traicionaste.

-Yo no juré lealtad a nadie. Simplemente hago lo que creo conveniente.

En ese momento el jinete desenvainó la espada y comenzó a acercarse a su presa.

-Parece mentira que después de tanto tiempo ni tú ni Silvia os hayáis dado cuenta de que Melfast pretende llegar más allá del Mundo de los Sueños. Yo no juré lealtad a nadie, pero sigo siendo leal a mi promesa.

Ryuk miró sorprendido al que sería su verdugo, que ahora avanzaba apuntando hacia él con su espada.

-¿Así es como haces lealtad a tu promesa? ¿Asesinando a los de tu misma...?

Ryuk no llegó a terminar la frase, algo golpeó su cabeza. Todo comenzó a girar a su alrededor hasta que se le nubló la vista y cayó al suelo, incapaz de defenderse de sus persecutores. El asesino lo observó hasta que cayó inconsciente, o mucho peor...muerto.


Háskoz se quitó la capucha de su túnica negra, dejando al descubierto una larga cabellera tan oscura como el carbón. Uno de los jinetes avanzó hasta él y le preguntó:

-¿Por qué no lo has matado? Llevamos semanas persiguiéndolo. Si Melfast se entera de lo que has hecho te matará.

-Pero no se enterará.

Y dicho esto la espada de Háskoz atravesó el cuerpo del jinete. Los demás retrocedieron unos pasos, pero inmediatamente desenvainaron sus espadas y se lanzaron a por él. Háskoz no tuvo problema en deshacerse de los cuatro, aunque el último lo alcanzó en la mejilla derecha haciéndole una herida que le dejaría una profunda cicatriz. Se limpió la sangre de la espada a la túnica mientras veía como los caballos de los jinetes, cuyos cuerpos yacían ahora muertos ante él, escapaban al galope y después se dijo en voz baja:

-No lo maté porque así lo quiere el destino, y porque era mi hermano.





Si queréis seguir leyendo, aquí os dejo el enlace de nuestro Blog:

http://eltrotacuentos.blogspot.com
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Asile
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MensajeTema: Re: El Trotacuentos   Miér Sep 07, 2011 12:09 am

Tiene buena pinta, aunque hay alguna que otra tilde desaparecida, pero eso con un vistazo se arregla ^^

Os sigo desde ya Smile
Un saludo

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A Vuelapluma- Escritos con corazón
Vive la historia de Arianne y sus Vínculos, algo más que una simple palabra, mucho más que una unión...
Además, lee otros escritos de mi puño y letra, reseñas de películas, libros, manga y anime.
Te espero en A Vuelapluma
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Haskoz
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MensajeTema: Re: El Trotacuentos   Jue Ene 26, 2012 7:18 pm

Bueno, aquí estamos después de muchos meses desaparecidos y es que en realidad (y disculpándonos por lo sucedido) no habíamos olvidado de que estábamos registrados en el foro xD
Deciros que seguimos con la publicación de las aventuras de ryuk y que ya vamos por el capítulo 5. las críticas que hemos tenido hasta ahora son muy buenas, por lo que espero que os siga gustando así. Os dejo con el capítulo 1 y si tenéis curiosidad por saber como sigue, solo teneis que entrar en el enlace de la firma.

Nos leemos!!


Capítulo 1: Un mal sueño


El otoño se aproximaba y las primeras hojas empezaban a caer de sus ramas. Los últimos rayos de sol apenas se colaban entre las nubes para iluminar el interior del bosque, más silencioso de lo normal. Arem tendría que darse prisa si no quería perderse en la oscuridad de la noche, o más bien, encontrar lo que estaba buscando. Porque para alguien como él, que conocía la posición exacta de cada árbol, extraviarse era algo complicado.

En sus sueños encontraba a un chico tendido sobre el hueco de un árbol, oculto tras unos arbustos. Identificó inmediatamente el árbol en cuanto lo vio. Al pie de éste se encontraba el joven, que por su aspecto no sobrepasaría los quince años de edad. Su pelo castaño estaba revuelto y sucio. De facciones suaves, el tono de su piel era tan pálido como la luna misma. En sus manos reposaba un colgante que parecía brillar con luz propia, o quizás fuera sólo por el reflejo del sol. El anciano dejó escapar un suspiro, aliviado, mientras unas pequeñas gotas se derramaban sobre su blanca cabellera. Se acercaba una tormenta.

Antes de cargar con él lo examinó más detenidamente y descubrió que tenía varias heridas en el cuerpo. Heridas que, si bien no eran profundas, podrían infectarse. Tendría que encargarse de eso más tarde. Lo arrastró como pudo hasta su cabaña, una pequeña casa de madera situada sobre una colina, en medio del bosque. Allí, una vez a salvo de la lluvia, lo dejó caer sobre una cama y le limpió las heridas.

El primer trueno se dejó oír por la zona y segundos más tarde el rayo iluminó la habitación. Los ojos de Arem se posaron por última vez en el collar del chico antes de dejarlo solo. Ya no podría hacer nada más por él.

Los días pasaron y con ellos las semanas. El otoño hizo acto de presencia desnudando a los árboles para que el suelo se abrigara con un manto de hojas rojizas. El chico seguía en la cama, en un sueño del cual parecía no querer despertar. Aquel día Arem había ido de caza, obteniendo como recompensa a un enorme jabalí. Cocinó un muslo y guardó el resto en la despensa.

Era una noche sin luna y la oscuridad reinaba en el bosque. El pequeño fuego que había encendido Arem iluminaba las zonas más próximas a la chimenea. Estaba recostado en el sillón, descansando de un día agotador. De pronto, las llamas se agitaron, como si hubiesen sido golpeadas por una leve ráfaga de viento. Arem, perdido en sus recuerdos, no se dio cuenta de que alguien había entrado en la cabaña.

— ¿Crees que Ryuk sobrevivirá?

Arem se sobresaltó al escuchar la voz de otra persona tras él. Se giró para comprobar quién le estaba hablando, pero sólo logró ver la silueta de un hombre.

—Así que se llama Ryuk, ¿eh? Es un chico fuerte —contestó Arem—, pero eso ya deberías saberlo.

—Pareces saber demasiado anciano, pero te daré un consejo: intenta mantenerte al margen de todo cuanto rodee al chico, podrías tener problemas.

El anciano dejó ver una leve sonrisa, y después añadió:

—Problemas, ¿a quién le asustan? La vida está formada por la sucesión de éstos. No somos nosotros los que buscamos problemas, sino que son los problemas los que nos encuentran a nosotros. Por cierto, aún no me has dicho tu nombre, ¿cómo te llamas?

—Hay cosas que es mejor que no sepas.

—Yo sé todo lo que se puede saber, y lo que no se puede, también —obtuvo como respuesta la silueta del interlocutor—.

—Recuerda mi advertencia anciano, saber demasiado a veces es peligroso.

—Ya te dije que yo lo sé todo —pero el chico con el que estaba hablando no lo estaba escuchando. Se había ido—. Yo lo sé todo, Háskoz.


* * *

Tres cuerpos inertes yacían en el suelo. Sus peores temores se habían hecho realidad, y aquella vez no era una simple pesadilla. Ryuk los contemplaba petrificado, incapaz de derramar una sola lágrima. No sentía nada: ni rabia, ni tristeza, ni rencor… Nada. Su corazón se había vaciado por completo, sin poder expresar emoción alguna. Su mirada había perdido la fuerza y esperanza que en algún momento había albergado. Había hecho todo lo que estaba en sus manos, pero eso no era un consuelo. Ahora recordaba todas las penurias por las que había pasado junto a ellos para que, al final, todo hubiese sido en vano. Pero también recordó los buenos momentos en los que había cantado y reído. Momentos en los que sonreía de pura felicidad. Fue entonces cuando los músculos le fallaron y cayó de rodillas al suelo.

Aquel ser sin rostro que había matado a sus amigos se precipitaba ahora hacia él. Ryuk lo esperó, sin tratar de defenderse. Pero parecía que no era él a quien quería asesinar. Pasó de largo y se dirigió hacia una enorme roca que había en medio del bosque. En aquel instante, una chica rubia salió de su escondrijo al verse descubierta, intentando escapar del que sería su verdugo. El tiempo se paró para Ryuk, quien contempló de nuevo los cuerpos muertos de sus amigos. De golpe, lo comprendió todo y su corazón latió con tal fuerza que le dolió. Su cuerpo reaccionó antes que su mente, alcanzando a la chica justo en el momento en el que lo hacía la sombra. La gran espada los atravesó a los dos, robando un par de vidas más. Había llegado demasiado tarde. Los ojos de Ryuk se cerraron lentamente, sellándose para siempre.
* * *






Ryuk abrió los ojos. Había tenido una pesadilla y todo le daba vueltas. Se encontró con el rostro arrugado de un anciano al que no conocía. Intentó incorporarse, pero tan pronto como lo hizo cayó de nuevo en la cama, mareado.

—Tranquilo, muchacho —lo calmó Arem—. Necesitas descansar.

Ryuk intentó decir algo, pero las palabras no llegaron a salir de su boca.

—Mi nombre es Arem. Te encontré en el bosque, malherido. Te traje como pude hasta mi cabaña y aquí curé tus heridas. No es gran cosa, pero se le acaba cogiendo cariño —El anciano sonrió—. ¿Recuerdas que fue lo que te pasó antes de que te encontrara?

Ryuk iba a abrir la boca cuando se dio cuenta de que no lo sabía. Su mente estaba vacía, sin ningún tipo de recuerdo.

—No… no me acuerdo de nada —dijo, sorprendiéndose de sus propias palabras—.

—Esto es peor de lo que pensaba, seguramente hayas perdido la memoria. ¿Recuerdas al menos cómo te llamas?

Intentó recordar, pero lo único que consiguió fue que le doliera la cabeza. Interrogó con la mirada al anciano, confuso, buscando que éste le dijera la respuesta.

—No te preocupes, un chico de tu misma edad me visitó ayer para saber qué tal estabas. Me dijo que te llamabas Ryuk, pero sólo eso. Debía de tener prisa porque no se quedó a hablar durante mucho tiempo.

Ryuk se entristeció por no recordar ni su nombre. Pero de pronto se dio cuenta del significado de las palabras de Arem. Había alguien que lo conocía y que posiblemente sabría cómo había perdido la memoria.

— ¿Dónde está?

—Siento decirte que no lo sé, pero no te preocupes ahora por eso, necesitas descansar.

Sus esperanzas se desvanecieron al instante. ¿Qué iba a ser de él si no recordaba? ¿Se podría quedar con aquel anciano? Parecía una buena persona, pero aún no sabía si podía fiarse de él. Sus tripas rugieron entonces, indicándole que no había comido nada desde hacía mucho tiempo.

—Asaré un poco de carne —dijo Arem con una sonrisa—. Ven cuando te sientas con fuerzas.

Ryuk descansó un buen rato antes de que se atreviera a levantarse. Abrió la puerta de la habitación y vio por primera vez el interior de la cabaña: había una chimenea de piedra, una gran mesa ocupando la cocina y una estantería llena de libros.

La carne estaba tierna y jugosa. El sabor y el olor le resultaban extrañamente familiares. Mientras comía, se esforzó en recordar, pero fue inútil.

—No te obsesiones con eso —le dijo Arem al notar su preocupación—. Antes o después recordarás algo, y seguramente sea cuando no pienses en ello.

Ryuk sonrió y asintió con la cabeza, aunque sin mucho convencimiento. Realmente no era tan optimista como él.

Al día siguiente Ryuk despertó con una fuerte presión en el pecho. Había vuelto a tener aquella horrible pesadilla. Acababa de salir el sol y hacía bastante frío. Sin embargo, no se atrevió a encender un fuego sin el consentimiento de Arem, y se limitó a cerrar todas las ventanas. Se puso a ojear los libros, aburrido, y le llamó la atención uno que tenía una cubierta gruesa y de color, a diferencia de los otros. Se titulaba Más allá de los sueños, y tenía tantas páginas que hizo que Ryuk no se animase a leerlo. Luego, al ver que el anciano no estaba, decidió explorar los alrededores y despejarse un poco.

Cuando volvió, Arem seguía sin dar muestras de vida. La puerta de su habitación estaba cerrada, pero Ryuk no se atrevía a comprobar si estaba dentro. Se sentó a la mesa, pensativo. Una corriente de aire atravesó la cocina y le produjo un escalofrío. La ventana estaba abierta. Se quedó extrañado, ya que juraría haberla cerrado. De todos modos se levantó para cerrarla y al volver reparó en algo que antes no había visto: una nota sobre la mesa.

Siento despedirme de esta manera, Ryuk, pero no había otra forma de hacerlo. Sé que ahora lo estarás pasando mal y que tienes muchas preguntas sin respuesta, pero llegarán, y sin que te des cuenta. Te dejo mi cabaña, puedes permanecer en ella el tiempo que quieras. Si necesitas ayuda puedes acudir a Thor. Es un buen amigo que vive en el pueblo.

Adiós Ryuk, y que los sueños guíen tu camino.

Arem.

Se quedó petrificado. No solo había perdido la memoria sino que ahora había perdido a la única persona que conocía. Reprimió las lágrimas y se dejó caer en la silla, con la mirada perdida. No sabía qué hacer. Arem le había dejado la cabaña, pero en la despensa solo había un jabalí y un poco de verdura. Después no tendría de qué alimentarse, a no ser que aprendiese a cazar. Quizás lo más sensato sería ir al pueblo. Allí buscaría a Thor y después… No sabía lo que sucedería después, pero no podía quedarse sentado sin hacer nada.

Arem le había dicho que el pueblo se situaba al oeste, pero tenía un problema, ¿dónde estaba el oeste?

Ryuk empezó a buscar la respuesta en alguno de los libros que había en la estantería. Sabía que difícilmente habría un libro que lo indicase, pero tenía que intentarlo. Milagrosamente, lo había. Daba todo tipo de consejos de supervivencia, y una de las cosas que enseñaba era cómo orientarse gracias a la posición del sol o de las estrellas.

—Por fin, un golpe de suerte.

Guardó el trozo de papel en el bolsillo y decidió ir al pueblo por la tarde, después de comer algo.

El camino le llevó pocos minutos, aunque se le hizo eterno, especialmente cuando pensaba que se había perdido. Mientras se aproximaba al pueblo, recordó cómo había sido el día anterior con Arem. Aquel anciano le había caído bien, además de inspirarle confianza. También recordó que le había dicho que no se quitase nunca el collar que llevaba puesto. Realmente, sería una tontería deshacerse de la única pertenencia que tenía.

El pueblo era pequeño, teniendo como mucho veinte casas, todas pegadas entre ellas. Se dirigió al centro y tropezó con un grupo de mujeres que estaban junto a una pequeña fuente de piedra llenando calderos de agua, mientras reían y hablaban animadamente. En cuanto vieron a Ryuk, cambiaron su postura y empezaron a cuchichear entre ellas.

Pensó que quizás fuese por cómo iba vestido: unos harapos sucios y raídos, los que llevaba antes de perder la memoria. No le prestó más importancia y siguió andando hasta encontrar a otra mujer, que estaba dándole las sobras a un perro. Le miró con desconfianza, haciéndole sentir como un intruso.

—Estoy buscando a un hombre llamado Thor —dijo Ryuk, mientras sentía como el rubor le subía a la cara—.

—Estará en la taberna, como la mayoría de los hombres de este pueblo —le contestó la mujer, señalando una pequeña casa de piedra algo separada del resto.

Ryuk siguió la indicación y entró en el bar. El cambio fue brutal. El sitio estaba lleno de hombres que gritaban encolerizados, cada uno con un vaso de cerveza en la mano y muchos más vacíos en la mesa. Sorteó a los que demostraban su habilidad en el arte del baile y alcanzó la barra.

— ¿Está aquí Thor? —gritó Ryuk para que el tabernero lo escuchase—.

Este se le quedó mirando con la misma desconfianza que la mujer de antes.

—No me gusta nada la ropa que llevas, ¿no serás de la banda de Corvin? —le inquirió.

—No, señor. Nunca he oído hablar de ella. Me envía Arem.

— ¿Quién has dicho? –le preguntó, acercándose más para escucharlo mejor.

— ¡Arem! —gritó Ryuk.

El silencio interrumpió de pronto aquel ruidoso lugar. Todos, ebrios y no tan ebrios, se quedaron callados, salvo algún despistado que preguntaba por lo que acababa de suceder. Después los gritos volvieron y empezó un debate sobre qué hacer con el chico. Algunos querían deshacerse de él mientras que otros lo protegían sin ni siquiera conocerlo. Un hombre fuerte y robusto lo agarró por el hombro y lo zarandeó bruscamente. Le estaba diciendo algo que Ryuk no entendía, ya que todos estaban gritando. Empezaba a arrepentirse de haber ido en busca de Thor cuando la puerta de la taberna se abrió. Todos se volvieron para ver quién era, y en cuanto lo supieron, se finalizó la discusión y volvieron a sus quehaceres, sin formar mucho jaleo. El hombre que lo estaba agarrando lo soltó inmediatamente y agachó la mirada.

— ¿Has dicho que buscabas a Thor? —preguntó el que acababa de entrar—.

Ryuk lo examinó con la mirada. Era un hombre de anchos hombros, con barba y gesto serio. Pero era más bajo que él. Sin embargo, parecía tener el respeto de todos los que se encontraban en aquel tugurio.

—Sí, Arem me dijo que lo encontraría aquí —contestó, todavía nervioso de qué le hiciesen algo.

El hombre sonrió y le tendió una mano amistosamente.

—Pues lo has encontrado.

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