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 Almas Gemelas

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narzissa
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MensajeTema: Almas Gemelas   Vie Ene 23, 2009 6:12 am

Verán. Este es el primer capítulo-borrador de mi historia. He trabajado muy ardua en ella, y tengo otrs capítulos, pero necesito que, si pueden, la revisen a conciencia (ortografía, gramática, temática, etc) y me corrijan lo que ustedesw consideren necesario. Es un favor que necesito =)
Aquí les dejo el primer capítulo (es algo larga, asi que la dejaré en dos post >.<)


Capítulo 1


Manhiz contemplaba el linde del bosque desde la ventana de su alcoba. Lucía una espléndida túnica blanca con encajes; su cabello plateado caía en ondas por su espalda y una diadema verde coronaba su frente. De rasgos suaves y salvajes, su piel tenía un tinte verdoso dentro de su palidez. Sus ojos eran grandes, de un color negro profundo. Manhiz era un hada.
Al lado derecho del hada se hallaba una cuna construida con ramas jóvenes de árboles, como la mayoría de las cosas en la habitación. En ella reposaba un bebe envuelto en mantas. Manhiz lo tomó con suavidad entre sus brazos y le acarició el cabello naciente. En aquel instante se escucho un rumor de pies en la habitación y Manhiz se volvió rapidamente.
-Tranquila, majestad. –dijo un hada junto a la cama. Era más ancha y más baja que Manhiz, y su piel era mas bien azulada.- Sólo soy yo.
Manhiz le sonrió con ternura y se acercó para darle un abrazo.
-Me asustaste, Nandy, querida.
Manhiz dejó al bebé en brazos de su nodriza y se dirigió a su tocador. Desde allí le preguntó.
-¿Crees que así estoy bien, o debería recogerme el cabello?
Nandy se acercó a ella y la contempló fijamente.
-Creo que no hay forma de que se viera más hermosa de lo que ya se ve, majestad. –dijo, dedicándole una calurosa sonrisa. Manhiz se la devolvió y un suave rubor subió por sus mejillas.
-¿Han llegado todos ya?- consultó, acomodando su diadema.
-Casi. –la voz de Nandy sonó algo avergonzada.
-¿Casi? –Manhiz se volvió rapidamente hacia ella.- ¿Quién falta?
-Pues… -Nandy titubeó- Los de las montañas aún no han llegado…
-¿Las montañas? No me preocupa, nunca han sido muy sociable, la verdad. –Manhiz se encogió de hombros y agregó.- ¿Está todo listo?
-Todo, señora –Nandy se dirigió hacia la puerta y la abrió para Manhiz- Y sonría, que todo va a salir bien.
-Eso espero, Nandy, eso espero.

El prado junto al bosque estaba repleto de gente. Hadas y humanos se congregaban en grupos en torno a una pequeña silla vegetal ubicada sobre un montículo. Cuando Manhiz salió de su árbol, se asustó al ver a tantas personas esperándola.
-Tranquila, majestad. Tranquila –Nandy la condujo tomándola del brazo con suavidad.
Manhiz subió al montículo intentando sonreír. Se sentó y esperó a que Nandy se ubicara a su lado.
“Todo sería más fácil si estuvieras aquí, Kamad”-pensó con melancolía, aprentando al bebé contra su pecho.
El silencio cubrió la explanada, y Manhiz supo que era tiempo de comenzar con la ceremonia.
-Sed todos muy bienvenidos aquí, feéricos y humanos. –Manhiz inclinó su cabeza hacia ellos- Os agradezco que hayáis venido a presenciar esta ceremonia, y os ruego que, cuando termine, permitáis a mi gente que los aloje en sus hogares, para que no tengáis que pasar la noche aquí afuera. –las caras de los feéricos se iluminaron de gratitud, mientras que las de los humanos se llenaron de duda- Para los que no me conocéis, yo soy Manhiz, la emperatriz de los feéricos –al decir estas palabras, los feéricos invitados hicieron una inclinación de cabeza para saludar a su reina.-, y el motivo por el cual os he llamado acá es para presentaros a mi pequeña hija, Jazhi Esperanza.
Manhiz se puso de pie y levantó al bebé por sobre su cabeza, mostrándolo a todos los concurrentes. Estos irrumpieron en una sarta de aplausos por la pequeña. Cuando el último invitado guardó silencio, Manhiz volvió a sentarse y acomodó a la niña en su regazo. No había despertado ni siquiera con el ruido de allí afuera, y Manhiz agradeció el hecho.
-El padre de Jazhi, mi compañero, Kamad, no ha podido estar aquí. Os pido mis disculpas. –Manhiz sintió cómo un nudo se formaba en su garganta, y quiso alejar la melancolía de su mente- Él falleció al poco tiempo del nacimiento de Jazhi, a penas alcanzó a conocerla.
Un silencio sepulcral se expandió por el lugar, y Manhiz intentó sin mucho éxito esbozar una sonrisa que rompiera el silencio. Por suerte, Nandy estaba atenta y salvó a Manhiz de la incómoda situación.
-Si alguno de vosotros quisiera acercarse a saludar a la pequeña Jazhi y a la emperatriz Manhiz, podéis hacerlo ahora.
Al instante se agruparon frente a la reina varios feéricos y algunos humanos, en su mayoría de los pueblos guerreros o campesinos. Manhiz recibió los elogios y los deseos de todos ellos, agradeciéndolos de forma casi memorizada. Su mente volaba mucho más allá, en los tiempos en que Kamad aún estaba con ella, cuando aún podían salir juntos a excursionar las montañas, a visitar las ninfas, a ver el mar.
En un momento, una feérica de piel celeste se paró frente a la silla de Manhiz y esperó hasta que ella la mirara a los ojos.
-Hola, majestad. –susurró sonriendo, mientras sostenía de la mano a un pequeño niño que se escondía tras sus piernas.
Manhiz reconoció la voz y la miró con más detenimiento.
-¿Krina? ¿Krina, eres tú? –la mujer asintió con suavidad, mientras Manhiz se ponía de pie y le envolvía en un abrazo que por poco lanza a Jazhi al suelo.- ¡Oh prima, prima mía, cómo os he extrañado! –la pequeña bebé en los brazos de la emperatriz se revolvió en sueños. –Y aquí la tenéis, prima. Mi pequeña Jazhi Esperanza.
Krina acarició a la niña suavemente, y se negó a tomarla cuando Manhiz se la ofreció.
-¿Es ese tu niño? –preguntó, fijandose en el pequeño tras las piernas de su prima.
-Sí, este es mi Lithuz. –Krina lo alzó en sus brazos.
-¿Cuántos años tienes, pequeño?-le preguntó Manhiz al niño. Éste se volvió hacia el pecho de su madre, y se quedó ahí, escondido.- Le he asustado…
-No te preocupes, querida. –Krina no le dio importancia- Es así con todo el mundo.
-Majestad, nho quisiera molestaros… -Nandy se encontraba junto a Manhiz, susurrándole al oído.- La gente está esperando para saludaros a vos y a vuestra pequeña. Quizás sería más conveniente que la señora Krina pasara adentro, y os esperara ahí hasta que la gente hay terminado de presentaros sus respetos, ¿no creéis?
-Tienes razón, Nandy. –Manhiz le explicó a Krina los consejos de su críada, y ésta estuvo de acuerdo en esperar adentro para conversar más con ella.
Cuando Krina ya entraba a los aposentos de Manhiz, un revuelo invadió el prado.
-¡Por la Madre que está en la Luna! –exclamó Nandy, con emoción contenida- ¡Las ninfas!
Manhiz se giró rapidamente hacia el lugar dónde miraba Nandy, para ver llegar a un grupo de seres pequeños, pequeñas niñas para la mayoría. Sus cuerpos no eran sólidos del todo, no caminaban, sólo se movían de un lado a otro, dejando un halo de hojas tras de sí. Algunas eran verdosas, otras rojizas o anaranjadas.
Manhiz dejó a Jazhi en brazos de Nandy, y se encaminó hacia el lugar dónde el grupo se encontraba, y las saludó con una sonrisa.
-Bienvenidas, hermanas. –Ellas respondieron con inclinaciones de cabeza.- Es un agrado y una verdadera sorpresa que hayáis venido aquí hoy. Os lo agradezco.
-No agradezcas, Manhiz. –una de ellas, de suaves tonos rosas y blancos, se movió hasta quedar frente a la reina, su voz era empalagosa.- Sólo hemos venido porque ella apareció en nuestras visiones.
Manhiz sintió cómo su corazón se encogía al oír las palabras de la ninfa.
-Ya veo. –dijo, sin embargo, ocultando su dolor.- Por favor, seguidme para que la conozcáis.
Manhiz condujo al grupo hacia el montículo, en dónde Nandy esperaba con Jazhi envuelta en sus brazos. Tomándola en sus brazos, la ninfa que había hablado anteriormente, cerró los ojos y el resto de sus hermanas formó un círculo en torno a ella, dejando a Manhiz y a Nandy fuera de él.
Al contemplar que algo diferente estaba sucediendo, todos los feéricos y hombres guardaron respetuoso silencio, mirando curiosos a las ninfas. Éstas, por su parte, comenzaron a entonar una canción en su propio idioma, suave y dulce, una canción de cuna. En un momento, las hadas comenzaron a cantar en el idioma de los hombres, casi antes de que la canción terminara.
“Grandes cosas aquí sucederán,
Grandes cosas tu alma logrará.
No temas, Jazhi, que en ti no entra el mal,
No temas, Jazhi, que tú lo vencerás”
Al terminar, las ninfas devolvieron la niña a su madre y se retiraron despacio hacia el bosque, dejando tras de sí un rastro de hojas y aromas arbóreos.
-Todo está escrito, Manhiz. –Le dijo la ninfa a la emperatriz, cuando esta fue a dejarlas al bosque.- No te acongojes, porque ya nada puedes hacer. La Madre ha decidido que sea así. –entonces le acarició la mejilla, y se retiró.
Una sensación de tranquilidad se apoderó del corazón de Manhiz, y decidió confiar en la Madre y las ninfas.


-Así que mi vida ha sido un torbellino estos días, prima mía. –concluyó Krina, sentada sobre la cama de Manhiz, mientras Lithuz revoloteaba por la habitación.
-Deberías dejar a ese hombre, Krina. –Manhiz la contemplaba preocupada.- No es bueno para ti, ni tampoco para Lithuz.
Krina asintió en silencio, preocupada. Lithuz tenía una pequeña ramita en su mano, y la movía en torno a sí, como si fuera una espada.
-En realidad, me preocupa más cómo influye en Lithuz; después de todo, es su padre, y tiene derecho a criarlo.
-¿Quieres decir que sus acciones para el niño no son buenas?
-No es que no sean buenas. –Krina parecía confundida.- Es mas bien que lo está enseñando para ser un guerrero despiadado y frío.
Para un humano aquello no habría estado mal, incluso hubiera sido normal. Pero, para las hadas, que veneraban la vida, el ser un guerrero era algo reprobable.
-No me puedo imaginar a este pequeño como un hombre frío y malvado, querida. –Manhiz contempló con cariño al niño.- Su ser despide algo tan puro, un amor tan grande hacia ti, que dudo que algo pueda modificar su verdadera esencia.
-¿Emperatriz? –alguien llamaba a la cortina de hojas que separaba la habitación de Manhiz con el resto de la estancia. -¿Puedo entrar?
-Pasa.
Una hada pequeña de cabellos negros y grandes pupilas amarillas entró en el cuarto y se detuvo frente a Manhiz con una pequeña inclinación de su cabeza.
-Señora, os necesitan afuera.
-¿Quién? –Manhiz se puso de pie rápidamente, aunque algo extrañada.
-No lo se, la señora Nandy me mandó a buscaros.
-Krina, querida, ¿me esperas un momento? –Manhiz cogió su capa plateada del armario y arropó a Jazhi en su cuna.
-Claro. Ve tranquila. –respondió la aludida, cogiendo un libro de la mesita de Manhiz.- Leeré esto mientras.
Cuando Manhiz bajó hacia la puerta de su hogar, Nandy la esperaba con el rostro marcado por la preocupación.
-¿Qué sucede, Nandy? –preguntó enseguida, mirando hacia fuera a través de la puerta entreabierta.- ¿Quién ha venido?
-Una de las ninfas, emperatriz. –Respondió la criada, en un murmullo.- Pidió hablar explícitamente con usted, cuánto antes mejor. Tengo un mal presentimiento, alteza. –Agregó mirando a la puerta.
-Tranquila querida, debe ser sólo una visita para entregar algún regalo o algo así. –Manhiz abrió la puerta y vio la figura encapuchada que la esperaba más allá. –No te angusties.
Apenas salió al exterior, la figura se giró hacia ella y la saludó con una inclinación de cabeza.
-Salve, Manhiz, emperatriz de los feéricos. –dijo el hada, cuando Manhiz llegó a su lado. Sus ojos relucían en la oscuridad, de un color rosa penetrante.- Vengo en nombre de las ninfas del bosque a anunciaros sobre las visiones en que hemos divisado a vuestra hija.
-Antes de que me introduzcáis en nada, quisiera pediros que fuéramos a un lugar más discreto a hablar sobre esto. –Manhiz miró melancólicamente hacia la puerta que se perdía detrás de ella.- No quisiera que nadie se preocupara más de la cuenta, ni menos que un oído indiscreto escuchara vuestras palabras, hermana.
La ninfa asintió y se encaminó hacia el bosque a paso rápido. Manhiz la siguió en silencio, intentando ocultar su terror.
-Aquí está bien, hermana. –Terció la reina, cuando habían alcanzado los primeros árboles del bosque.- Podéis hablar en paz.
-Seré precisa, emperatriz. –Comenzó el espíritu, con voz suave.- Hace ya dos años que vimos en nuestros espejos que habíais quedado encinta. A mis hermanas y a mí no nos sorprendió en lo más mínimo la noticia, ya que era algo natural.
Manhiz se sintió enrojecer, y agradeció que el lugar estuviera oscuro.
-Pero luego, unos meses después, varias de nosotras tuvimos una visión en común. –la ninfa se paseaba de un lado a otro, rozando con sus manos las hojas de los árboles.- Esto no es muy común en nuestra raza, la verdad. Las visiones suele ser personales; pero ésta fue distinta, porque no sólo fue vista por varias hermanas, sino que también fue al mismo tiempo. Las ocho hermanas que la contemplamos se las comunicamos al resto del grupo, y todas compartieron nuestra preocupación. –La voz sonaba cargada de añoranza y melancolía, y llenó al hada de un sentimiento parecido a la tristeza.- En aquella visión, la primera, lo que dominaba era el caos, la tristeza y la destrucción.
-¿Cómo así? ¿Quién provocaba esa destrucción? –preguntó Manhiz, con la boca seca.
-No os puedo revelar nada más que la parte de la visión en la que aparecís vos, majestad. –la ninfa fijó sus grandes ojos en Manhiz, y ésta se sintió explorar hasta lo más hondo de su ser.- Lo que os debe importar ahora es lo siguiente: vuestra hija está unida a un destino muy grande, y es irrevocable; lo único que podéis hacer es contribuir de la mejor manera para que este destino que cumpla paso por paso; porque, de no cumplirse en su totalidad, las consecuencias podrían ser desastrosas para el mundo en general. –Manhiz sintió cómo si se encogiera su corazón conforme la criatura hablaba.
-¿En qué parte, exactamente, entro yo? –preguntó, sin poder evitarlo.
-Vuestra misión es difícil. –Los ojos de la criatura la escrutaron con avidez.- Os lo explicaré fielmente, pero no podéis revelarlo a nadie.
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MensajeTema: Re: Almas Gemelas   Vie Ene 23, 2009 6:14 am

-¿Qué era, prima? –preguntó Krina, dejando a un lado el libro en el cual estaba enfrascada, cuando sintió a Manhiz entrar con suavidad.
-Una ninfa que venía a dejar un regalo para mi pequeña. –canturreó la aludida, dejando un pequeño libro verde sobre su mesita frente a la ventana.
-Qué raro que se haya olvidado de entregártelo en la ceremonia, ¿no crees? –comentó Krina, mientras acariciaba el cabello de su niño dormido sobre la cama.
-Sí, bastante curioso. –Respondió Manhiz, restándole importancia.- ¿Te parece si acostamos a Lithuz en la habitación de al lado?
-Sería bueno, mi pequeño está cansado. Además, así aprovecho de descansar yo también.
Manhiz se acercó a su prima sonriendo.
-Pero eso será después, primero tengo que contarte algo.

Cuando al fin Manhiz despertó, sintió un fuerte escozor en sus ojos producto del llanto y el insomnio de la noche anterior. Quiso seguir acostada un tiempo más, pero debía actuar como si nada sucediera. Lentamente, se lavo y vistió, arreglándose de forma casual. Una vez que estuvo lista, fue a despertar a su prima a la habitación conjunta. Se sorprendió al ver que ésta ya estaba en pie, perfectamente vestida y arreglada para un viaje.
-¿Te vas ya? –preguntó, con un deje de tristeza.
Krina asintió sin mirarla, cogiendo su capa celeste.
-Sería bueno regresar a casa cuánto antes. –Caviló luego, como para sí.- Rhun debe estar hecho una furia.
Krina tomó a Lithuz de la mano y salió de la estancia rapidamente. Manhiz apenas tuvo tiempo de correr hasta la salida y gritarle un “Cuidate” antes de que el hada y su hijo desaparecieran por el sendero hacia el oeste.
El resto del período transcurrió sin más acontecimientos memorables. Manhiz escribió un par de cartas, hizo algunas visitas, acompañada de Jazhi a veces. La noche número 28 de la época del Fuego, Manhiz recibió la visita de la ninfa de las hojas rosas.
-¿Habéis hecho lo que os pedí, Manhiz? –preguntó la criatura con seriedad. Manhiz asintió quedamente.- Gracias. Ahora sólo resta esperar la fecha indicada. ¿Recordáis el día?
-Perfectamente. –respondió el hada, con la boca seca.
-Os veo allí entonces, emperatriz. –la ninfa hizo el amago de abrazarla, pero luego pareció arrepentirse, porque se despidió con una inclinación de cabeza y desapareció.
Manhiz se quedó ahí parada unos momentos, pensando en su destino. Y luego entró en la casa.


El día 10 de la época de Oscuridad, que seguía a la del Fuego, Manhiz se despertó sobresaltada. Jazhi lloraba en su cuna de ramas, agitándose entre las mantas. Manhiz se incorporó rapidamente y la tomó entre sus brazos, meciéndola con ternura; poco a poco la pequeña se fue quedando dormida, y Manhiz le acarició suavemente la cabeza. En eso estaba cuando llamaron a su puerta.
-¿Prima? –era la voz de Krina, aunque algo más ronca.- ¿Estás visible?
-Pasa. –respondió el hada, dejando a Jazhi suavemente en su cuna.
Krina entró en la habitación, y Manhiz casi se asustó al verla. Tenía un aspecto horriblee, sus cabellos estaban enredados y enmarañados, sus ojos estaban hinchados y enrojecidos por el llanto, su rostro estaba surcado de arrugas por la preocupación, sus labios partidos, las uñas marcadas en sus mejillas.
-Ven aquí, Krina, querida. –Manhiz la invitó a sentarse a su lado en la cama.- Ya se que te sientes desdichada, porque yo también lo hago. Pero, por favor, debes tomártelo con calma, y pensar en dar lo mejor de ti. Además –agregó, mirandola con una sonrisa pícara en su rostro-, no puedes andar así por la via, tan demacrada y desarreglada.
Krina suspiró quedamente, y bajó su vista al suelo, con los ojos llenos de lágrimas. Manhiz se puso de pie y se acercó a su tocador. Tomó una fuente con agua, una toalla, un cepillo y se sentó detrás de su prima.
-¿Qué haces, Manhiz? –preguntó el hada, levantando su cabeza.
-Ayudarte, claro.
Manhiz cepillo el cabello y lavó la cara de su prima con gentileza, dejándole como a una dama.
-Te vestirás y te perfumarás. Y luego tú y yo iremos a desayunar. –le ordenó Manhiz a su prima.
-De acuerdo.
El día transcurrió con parsimonia, como cualquier otro. Manhiz sacó a Jazhi al bosque, y ahí le habló por largo rato. La niña la contemplaba aborta, y de vez en cuando repetía alguna de las palabras que Manhiz decía. En un momento, Manhiz se vio sobrepasada por la tristeza, y se sentó en una roca, mientras silenciosas lágrimas caían por sus mejillas. Jazhi, mirándola extrañada, estiró su pálida manita y alcanzó la mejilla de su madre. Manhiz le besó sus deditos, y sonrió, intentando detener su llanto.
Cuando volvieron a su casa, Nandy estaba sirviendo la cena. Cenó junto a Krina y a la servidumbre del palacio. Fue un momento alegre y cómodo, pero Manhiz no lograba apartar la sombra de tristeza de su corazón. Subió a su cuarto, y dio de comer a Jazhi. Luego escribió otra carta, y se cambió de ropa. Cuando estuvo segura de que todos en la casa se habían dormido, se puso sobre los hombros una capa negra, y dejo la carta sobre la cama.
Antes de salir de la habitación, se dirigió a la cuna de su hija, y se inclinó sobre ella.
-Te amo, Jazhi Esperanza. –le susurró, dándole un beso en la frente.- Te amo.
Se dirigió hacia la alcoba de Krina, y golpeó dos veces a su puerta. Dentro se escucharon pasos ahogados, y el hada abrió la puerta, cubierta también con una capa negra.
-¿Ya es la hora? –preguntó, con un tono algo estridente.
-Sí, pero guarda silencio. –respondió Manhiz, tapándole la boca.
Ambas salieron de la casa sin hacer ruido, una capacidad especial de las hadas, el pasar desapercibidas. Se encaminaron hacia el bosque, mientras el viento helado propio de la época les azotaba la cara. Ya dentro de la arboleda, se detuvieron al llegar a un sendero que venía desde el norte. Ahí se detuvieron, en silencio las dos, mirando hacia diferentes direcciones.
-¿Te ha costado mucho? –susurró Krina de pronto, con la voz anegada.
-Sí, bastante. –respondió Manhiz, quedamente.- ¿Y a ti?
-No quiero ni recordarlo. –respuso Krina, haciendo un mohín.
En ese momento, se escucharon unos pasos en la gravilla del sendero, y ambas se volvieron hacia el sonido.
-¿Hola? –Preguntó Manhiz.- ¿Es usted Yummi?
Una figura apareció entre los árboles, encorvada y cubierta con una capucha.
-¿Es usted Yummi? –Repitió Manhiz, subiendo la voz y acercándose a ella.
-¿Quiénes son ustedes? –contestó la voz, evadiendo la pregunta.
-Mi nombre es Manhiz, emperatriz de las hadas. –Contestó el hada, con voz queda.- Y esta es mi prima, Krina.
-¿Es usted la que me escribió?
-Sí, yo fui quién le escribió hace un tiempo. –Manhiz se acercó a ella.
-¿Por qué? ¿Por qué yo? –Sollozó Yummi, abrazando al hada con fuerza.- ¿Por qué mi familia?
-No lo se, también me lo he preguntado yo. –Contestó Manhiz, haciendo acopio de sus fuerzas para no dejarse llevar por la angustia.- Pero no estás sola, Yummi.
Cuando la humana se calmó un poco, Manhiz la instó a seguirla a ella y a Krina. Caminaron durante una hora aproximadamente, hasta entrar a un claro de luna, con un par de rocas al centro y a los alrededores. La luz mortecina de la luna iluminaba el prado dándole un aspecto extraño, entre aterrador y tentador.
Las tres madres se quedaron de pie en el centro, mirando hacia todos lados. En un instante, se escuchó un sollozo reprimido. Manhiz deseó que todo esto acabara luego, porque no sabría cuánto más podría aguantar la angustia, y seguir mostrándose tan impasible.
-Habéis venido. –habló una voz femenina desde la oscuridad. Las tres mujeres se giraron hacia dónde, ellas creían, se encontraba la persona tras las palabras.- Os lo agradezco.
En el costado opuesto al que habían llegado Manhiz, Krina y Yummi, apareció una figura alta, incorpórea, de suaves colores grises y castaños. Su rostro estaba surcado de arrugas y sus ojos hacían reflejaban todos los cientos de años que había vivido.
-Creo que deberíamos… -empezó a decir la voz, con tono etéreo.
-¡¿Por qué nosotras?! –Gritó Yummi, cayendo al suelo envuelta en un llanto imparable.- ¿Por qué nosotras? No podrías haber elegido a otras…
La ninfa se acercó hacia ella y le tocó la cabeza.
-No, humana Yummi. –Respondió la criatura, mientras le acariciaba la cabeza para calmarla.- No son mis designios, son los de la Madre.
Entonces la ninfa se separó de ella, y se puso frente a las tres.
-Comenzaremos.
Manhiz sintió un estremecimiento en su espalda, y deseó nuevamente que todo acabara rapido.
-Sentaos en la hierba, por favor. –Ordenó la criatura, mientras sacaba una botellita desde dentro de su túnica.- Madre, que en la luna y el sol habitáis; que dentro de las criaturas habláis; que nuestra vida nos otorgáis; os pido con humildad que aceptéis estas tres puras almas, las acojáis en tu aposento magnífico, para que los designios que habéis diseñado se cumplan a la perfección. –La ninfa hizo una pausa mientras abría la botellita, y de ella salía un leve halo negruzco.- Iluminad también nuestras mentes, para poder seguir trabajando para tu plan perfecto. Yummi, humana. –Llamó, parándose frente a ella. Manhiz sintió el miedo de la mujer.- Tienes derecho a pedir un don para cualquier persona que quieras. Hazlo en silencio.
Un par de segundos después, Yummi asintió lentamente. La ninfa se agachó hasta la altura de su cabeza, y le dio de beber un poco de aquel líquido oscuro.
-Aquella persona recibirá el don, puedes irte en paz. –murmuró a su oído, mientras el cuerpo inerte de la humana caía suavemente en la hierba. En su rostro aún quedaban los rastros de las lágrimas que había derramado desde hacía tanto rato.
-Krina, feérica. –Entonó entonces la ninfa, acercándose a ella. Manhiz quiso apretar la mano de su prima, para infundirle fuerzas, pero sabía que no debía hacerlo.- ¿Qué don quisieras pedir, y para quién? Piénsalo en tu mente. –La criatura aguardó hasta que Manhiz hubo levantado la cabeza, y sonreído quedamente.- Aquella persona encontrará aquel don, y sabrá que le amas. Puedes descansar.
Y Manhiz sintió el cuerpo liviano de su prima reposando sobre la tierra, a su lado. Sintió miedo por un instante, pero luego su espíritu se serenó. Sabía bien qué don pediría y para quién.
-Manhiz, feérica. –La llamó la criatura, posándose frente a ella.- ¿Has ya pensado en aquel don y aquella persona?
-Sí.
-Pues que sepas que aquel don le servirá mucho, que aquella persona lo valorará, y que tú siempre estarás junto a ella. –La ninfa se inclinó, y le dio de beber su poción. De inmediato, Manhiz cayó en una inconciencia tranquila, y su esencia dejó el mundo de los vivos.
La ninfa contempló los tres cuerpos sobre la hierba, y extendió sus manos sobre ellos.
-Llévales a tu hogar, Madre.
Al instante, los tres cuerpos se desintegraron, y fueron absorbidos por la tierra, ahora formando ya parte del mundo.




Por favor, de verdad necesito que critiquéis de una forma constructiva. Esta creación es muy importante para mi =)

Muchisimas gracias, y perdón por molestarlos
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Arantxa
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MensajeTema: Re: Almas Gemelas   Mar Feb 03, 2009 12:54 pm

Hacia tiempo que me quería leer tu relato pero hasta hoy no tuve tiempo ...me ha gustado mucho, tu forma de esciribir realmente es muy buena, se nota la fluidez a la hora de narrar y que las descripciones no se hagan demasiado extensas, cosa que yo agradezco ^o^

No te he visto casi ninguna falta de ortografía, pero en algún lado has puesto "aborta" en vez de "absorta", es lo único que recuerdo con exactitud Wink

Espero que la sigas porque me has dejado muy muy intrigada, quiero saber el por qué de ese final!!!! :palomitas:
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MensajeTema: Re: Almas Gemelas   Dom Feb 06, 2011 11:15 am

¡Wow! La verdad es que aún no había tenido el tiempo para ponerme a leer todo lo que hay de relatos y he de decir que este tuyo me ha encantado. Es... muy pulcro y está muy bien redactado. Ligero de leer... Aunque como pega quizás (lo único que encuentro con tan "poquita" muestra) es que las transiciones de escenas y lugares quedan quizás un pelín bruscas... pero la verdad es que me a sorprendido mucho. El final de este capítulo es... sobrecogedor, con muy buen tono.

Espero que si sigues por aquí pongas más escrito, me has dejado intrigada... Very Happy

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